
Hace mucho tiempo, después del descubrimiento de América, en la triste época de la esclavitud. En un pequeño y triste pueblo llamado Fortaleza, ubicado en el Chaco. Se encontraban un gran grupo de esclavos aborígenes amenazados por los españoles. En este grupo de indígenas, se hallaba una hermosa y sabia mujer, llamada Anahí. Que estaba casada con Yasú, un indio inteligente, capaz, bondadoso y admirado por todos los esclavos. Anahí, estaba embarazada de 6 meses. A pesar de este magnífico hecho, ella estaba muy triste, porque su futuro niño nacería en este terrible y oscuro lugar. Él estaría sentenciado a vivir siendo un esclavo, y jamás conocería el mundo exterior a ese lugar. Al pasar tres meses el bebé nació. Era una niña con el pelo muy oscuro y una mirada muy intensa. A la cual decidieron llamarla Selva. A cabo de mucho tiempo Selva creció y ya era una joven. Siempre muy hermosa y luchadora. Pero perpetuamente en esa terrible situación. Desde pequeña ella soñaba que algún día podría escapar de esa prisión. Pero su madre siempre le decía que no lo intentase, que podía ser muy peligroso y que además sería inútil porque estaba todo muy custodiado. Pero ella lo único que quería era ser libre y poder disfrutar de la vida. Varias noches paso llorando por la desgracia de estar encerrada, y tener que trabajar muy duro por un pequeño pedazo de pan, además muy maltratada. Una tarde oscura y fría, ella le comentó a sus padres que no podía más, y que esa misma noche iba a escapar. Anahí trató de frenarla de cualquier manera, pero no pudo. Pues ella le dijo que prefería estar muerta pero libre que viva y encerrada. Les prometió a sus padres que si lograba escapar, iba a ser lo imposible para sacarlos a ellos también. Esa misma noche cuando todos dormían plácidamente, se lanzó a la suerte. Todo iba bien hasta que uno de los guardias la descubre. La atrapó, y le comentó a sus comandantes lo sucedido. Él ordenó para ella un castigo ejemplar. Después de haberle pegado por varias horas con un látigo, le dieron el doble de trabajo que antes, y además no comería por 3 días. Sus padres muy dolidos por lo sucedido, ya con 40 años de ser maltratados y alimentándose muy mal, fallecieron de dolor y pena por su hija. Selva shoqueada por la muerte de sus padres y la angustia de seguir encerrada, llega a la conclusión de intentar por última vez escapar. Pero si esta vez la volvían a descubrir se dejaría matar para estar otra vez junto a sus padres. Era una tarde de sol, despejada, sin viento. En la cual los pájaros cantaban muy contentos, y los animales disfrutaban de su libertad y del hermoso día. Ella escapó. Al ver el exterior quedó sorprendida, muy feliz gritó, “soy libre”. Sin darse cuenta que detrás de ella venían cerca de 10 personas en su búsqueda. Al verlos empezó a correr, pero bien sabía que era inútil, pues en cualquier lado que se escondiese la atraparían. Ya muy cansada y afligida decide detenerse y dejar que la asesinaran. Por lo menos había disfrutado unos minutos de su libertad, y había conocido parte de la maravillosa naturaleza. Su madre desde el cielo, al ver que un español apuntaba a su hija con un arma. Le pidió a un ángel que la convirtiese en paloma, para que pudiera disfrutar por el resto de su vida de la libertad. Así fue, al convertirse en paloma, se escapo, volando a lo lejos. Dejando desconcertados a los españoles. Por eso es que hoy en día la paloma simboliza la paz y la libertad de las personas. Por el gran deseo, hecho realidad, de la hermosa muchacha.
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