Hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de cada día; la paz sin la cual el mismo pan es amargo.
La paz obtenida en la punta de la espada, no es más que una tregua.
La primera condición para la paz es la voluntad de lograrla.
Si quieres la paz, no hablas con tus amigos. Hablas con tus enemigos.
Existe una tentación extremadamente sutil y peligrosa de confundir la paz con la simple ausencia de guerra, como estar tentados de confundir la salud con la ausencia de enfermedad, o la libertad con el no estar preso. La terminología es a veces engañosa. Por ejemplo, la expresión "coexistencia pacífica" significa ausencia de guerra y no verdadera paz.
Más vale una paz relativa que una guerra ganada.
La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.
Hasta que quienes ocupan puestos de responsabilidad no acepten cuestionarse con valentía su modo de administrar el poder y de procurar el bienestar de sus pueblos, será difícil imaginar que se pueda progresar verdaderamente hacia la paz.
O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos.
Incluso la paz se puede comprar a un precio demasiado alto.
sábado, 16 de enero de 2010
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